"" Y usted, ¿qué Barça desea? ~ El Chut <br> Expertos deportivos

"Que quien se calla cuanto me callé
no se podrá morir sin decirlo todo.".

José Saramago.

14 diciembre 2014

Y usted, ¿qué Barça desea?

--> Digamos que es usted aficionado o simpatizante del Barça, o que simplemente le da cierta pena el proceso de degradación del mejor equipo de fútbol que jamás hayan visto sus ojos. Imaginemos que lo citan en un despacho del Camp Nou para recabar su opinión. Al otro lado de la mesa lo esperan el director deportivo, el entrenador y el presidente. Zubizarreta, Luis Enrique y Bartomeu andan perdidos, y han decidido poner en marcha un mecanismo de emergencia, una tormenta de ideas entre futboleros rasos para tratar de dar con la raíz del problema.

Un artículo de Sergio M. Gutiérrez.

Andoni Zubizarreta, director deportivo del F.C. Barcelona.

     Porque existe un problema, una especie de trastorno de la personalidad que no cesa de agravarse y que puede degenerar en pura bipolaridad. En la perversión onírica de este artículo, los dignatarios del club dan el primer paso para su tratamiento. Solicitan ayuda y plantean la cuestión central sin tapujos: hemos vendido que queríamos un Barça como el de Guardiola, que nada había cambiado y nada debía cambiar, que la filosofía es intocable, que esto es el Barça, que somos más que un club, que aquí se hacen buenos fichajes y que si no se puede no pasa nada, pues se cuenta con los de casa. Hemos vendido esa milonga mientras hacíamos todo lo contrario.

     El diagnóstico está claro para cualquiera que conozca cómo ha trabajado el Barça en los últimos veranos. Se han perseguido fichajes que nunca han prosperado, con las excepciones de (¿los imprescindibles?) Neymar y Luis Suárez, y se han acabado incorporando segundos o terceros platos: Mathieu es el sucedáneo de un Thiago Silva inalcanzable; Rakitic, el de un Koke con mucho apego por lo cercano; Claudio Bravo es lo más parecido a Víctor Valdés que dejaba el mercado; y de Douglas y Vermaelen mejor ni siquiera hablamos.

     Con los técnicos ha venido sucediendo poco más o menos lo mismo: Tito sustituyó a Pep a toda prisa porque Rosell necesitaba urgentemente un mensaje de continuidad; Tata ocupó el lugar de Tito a modo de interino permanente, y actuó desde el primer día como el forastero que no desea importunar; por último, Luis Enrique ha entrado en el club con personalidad, repitiendo a diestro y siniestro que conoce la casa y que hombre, por favor, qué le van a contar a él que no sepa ya. Luis Enrique ha llegado gritando que no piensa cambiar (porque hablar de cambio es una blasfemia, faltaría más), pero está cambiando el fútbol del Barça de modo radical, y se empieza a parecer a ese hombre empapado que no abre el paraguas porque ha asegurado que el chirimiri no iría a más.
     Hay dos tipos de aficionados del Barça: los nostálgicos guardiolistas y los que consideran aquel modelo en mayor o menor medida acabado. 
     Los primeros han condenado la regresión institucional paso a paso, sin dejarse ilusionar por éxitos achacables a la inercia ganadora heredada del pasado, sin dejarse embaucar por aciertos efímeros o por los destellos de un Messi sobrehumano. Han criticado la pésima gestión del talento formado en la cantera y la destrucción medida de la obra de Pep. Se han comportado como agoreros porque sabían que el tiempo les daría la razón. Y el tiempo, en efecto, se la está dando.

     Los miembros del segundo grupo son más variados. Les suele unir un mayor apego al día a día, una cierta necesidad de estímulos renovados, un hastío por lo cotidiano. Se dejan llevar por lo que ven sus ojos sobre el campo, y así diagnostican y dan por curados problemas según los resultados. Muchos de ellos proclamaron durante un lustro que el modelo del falso nueve estaba agotado, que Messi debía volver a la banda para surtir de balones a un delantero rematador, aquel nueve fijo durante tanto tiempo añorado. Algunos proclamaron que el problema era físico, que Xavi estaba acabado y que Iniesta nunca había trabajado. Pidieron un mediocentro destructor, o un doble pivote transgresor. Exigieron un fútbol más directo en cuanto las primeras virguerías de Neymar les entusiasmaron. Y aseguraron que Luis Suárez no podía jugar en banda, que Luis Suárez era un nueve y que los nueves están para jugar en el área.

     Y usted, ¿qué Barça desea? Se lo pregunta el mismísimo Luis Enrique. Se lo preguntan Bartomeu y Zubizarreta.

     Piense que es posible que todos los problemas del Barça se reduzcan a ese debate identitario. Quizá el equipo sólo necesite poner fin al tabú del estilo, plantar un doble pivote, alinear un centro del campo físico y pegar pelotazos para los tres de arriba, que sin duda son buenísimos. Quizá merezca la pena una tormenta de ideas, un referéndum, una consulta sobre lo que el club debe ser. Pero quizá, de celebrarse, ganarían los fieles al guardiolismo: el estilo sobre la victoria, ante todo un modelo, una ética de trabajo. Y entonces nada de lo hecho en los últimos años (fichajes incluidos) tendría el más mínimo sentido.


Escribe para 'El Chut': Sergio M. Gutiérrez (@sergiomguti)

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