--> Parece que está mal visto alegrarse por el triunfo de unas chicas peleonas en la piscina del waterpolo en el Mundial de Barcelona. Puede parecer absurdo, pero es así. Los puristas se llevan las manos a la cabeza ante el entusiasmo circunstancial de un público que no es habitual en la natación, no entiende demasiado de este deporte y, desgraciadamente, seguirá siendo ocasional en las transmisiones una vez concluya el Campeonato del Mundo. Al parecer, los ignorantes deben estar vetados en su admiración a estos deportistas.
Un artículo de Luis Jiménez (@lujimmix).
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La selección española de waterpolo femenino vengó en Barcelona 2013 la derrota de la final olímpica contra USA. |
El
talibanismo deportivo cuenta con otro filón al que acudir para reivindicar su
frustración: el indecente dinero que cobran los futbolistas y el no menos
indecente dinero que se maneja en los traspasos. Con una milésima parte de lo que
el Madrid está dispuesto a pagar por Gareth Bale, se pagan las becas de las
chicas del waterpolo durante tres años. Posiblemente Bale no dormirá cuando se
entere del notición y Florentino Pérez padecerá ataques de ansiedad al conocer
el enorme abismo entre este futbolista y las nadadoras. Y si el argumento del
dinero no es suficiente, la Yihad polideportiva apelará al enorme esfuerzo,
sacrificio y privación a cambio de muy poco con el que conviven los nadadores,
por seguir con este ejemplo, comparado con la vida de aviones privados, hoteles
de lujo, dos horas al día de trabajo haciendo ronditos y demás privilegios que
acompañan a la vida activa del futbolista para lucirse un día, a veces dos, en
los estadios de fútbol. No se puede acumular tanta demagogia en menos espacio. ¿Por qué no decir también que con el dinero de la Operación Bale se puede dar
marcha atrás a la privatización de un Hospital público de Madrid?
El
partido de cuartos de final entre España y los Estados Unidos de waterpolo
femenino tuvo una audiencia en Teledeporte de 309.000 espectadores, un 2,2% de
la audiencia que en ese momento estaba ante el televisor. Un buen dato si lo
comparamos con las cifras obtenidas por los partidos de liga de un deporte, el
Waterpolo, que puede considerarse incluso un privilegiado en la televisión
pública. La medalla de plata de los
Júniors de Oro de nuestro balonmano, por poner un solo ejemplo, fue clandestina
durante el reciente Mundial de Bosnia. Es que el fútbol acapara toda la
programación de las cadenas que se dedican al deporte en emisión abierta,
arguyen los maltratados por la caja tonta. Verdad relativa. El fútbol no solo no
da siempre la mayor audiencia, ni tampoco ocupa el mayor porcentaje de la
parrilla de programación: rugby, balonmano, baloncesto, tanto masculino como
femenino; waterpolo, tenis, atletismo, motor o fútbol-sala se pueden ver en
estos canales durante muchas horas.
Queda,
entonces, la tesis de la falta de cultura deportiva en un país en el que la
mayoría de los niños quieren ser Iker Casillas, Messi o Cristiano Ronaldo
porque ese es el modelo que se les transmite a través de los medios: rico,
famoso, vida en una urna de lujo y reconocimiento público en el circo romano de
los estadios. Otros, menos, quieren emular a Rafa Nadal o a Fernando Alonso.
Las horas de piscina de Jenifer Pareja, de duro entrenamiento de Pablo Cacheda
o los días eternos con las muñecas rotas de Amaya Valdemoro no tienen tanto
glamur y atractivo para las nuevas generaciones. Y es cierto. Que se sacrifique
su prima, pensarán las chicas que se machacan haciendo rítmica mientras
estudian en el Instituto. Si Lucía
Etxebarría por participar una semana en ese bodrio llamado Campamento de Verano
ha cobrado más dinero que el percibido por un libro que ha tardado en escribir
dos años, qué narices me estás contando. Un millón y medio de personas se
pegaron a la tele durante las explicaciones de la escritora en Sálvame Deluxe.
Un 17,2% de cuota de pantalla. Ese es, lamentablemente, el mensaje que estamos enviando.Y también fútbol, de Segunda División, con audiencias que seguramente sorprenderán a los yihadistas: el mejor dato del año, 213.000 espectadores para el Recreativo de Huelva-Córdoba. No se sostiene, pues, el argumento de que vivimos en un país exclusivamente futbolero.
Escribe para 'El Chut': Luis Jiménez
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Luis Jiménez es periodista y comentarista de Eurosport TV.
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Más que talibán polideportivo, yo he detectado el florecimiento de una nueva especie igualmente peligrosa: la del talibán especialista monodeportivo.
ResponderEliminarSe trata del típico aficionado a un determinado deporte que cree saberlo todo sobre ese deporte (con frecuencia sabe mucho, más incluso que quien lo narra). Y se jacta de ello. Y considera a menudo que las retransmisiones deportivas no están a su nivel.
Son una plaga.
No entienden que una retransmisión deportiva cualquiera no está hecha para el mayor experto, sino para el aficionado medio.
Son, además, peligrosos porque los considero expresión diáfana del vacío interior de nuestro tiempo. Un vacío horrible que cada cual llena procurando sentirse importante con la primera gilipollez que se le ocurre.
He dicho.
Cierto. Viven encerrados en su propio ghetto, se quejan del ostracismo de los medios, pero impiden el acceso a cualquiera que no pertenezca a su selecto club al que, sistemáticamente, consideran un ignorante futbolero que merece el desprecio absoluto. Eso en mi pueblo se llama sectarismo. Gilipollez si se es menos fino.
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